miércoles, 18 de julio de 2012

Cometas

Cuando era pequeña tuve varias cometas. Especialmente en verano. En la playa había suficiente brisa y espacio para que alcanzara altura.

La cometa no es un juguete del siglo XXI. Es frágil, y no obedece si no la tratas con cuidado. Su vuelo es inestable, no tiene mandos teledirigidos, debes guiarla con suavidad si quieres que responda y que no caiga, en ocasiones, fracturándose.
Ella solo vuela, planea quieta allá en lo alto dejando que el viento la mantenga a su antojo. Una vez que la haces volar, ya no hay nada más que conseguir, sólo mantenerla. Es un juego que requiere paciencia y reposo. Pero el niño no se aburre. Quizá porque sentimos como si fuera una extensión de nosotros, como si el hilo nos conectara y una parte de nosotros mismos fuera la que permanece allá arriba. Así lo sentimos también al caer. Como si fuéramos nosotros...

Nuestras cometas no vuelan, cuelgan, y están hechas con palitos de madera de los que usan los médicos para hacernos abrir la boca, poniendo luego papeles pintados y de colores para darle la forma.


Paola, 4 años

Alex, 6 años


Rodrigo, 6 años


Belén, 11 años


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